El testigo de Lucía de Fernando Ruiz Blanco

Posted on por

Con motivo del día del libro, el 23 de Abril, se celebra en el campus por segundo año consecutivo un certamen de relatos cortos. La iniciativa impulsada creada por el servicio de la biblioteca de la Universidad Europea del Atlántico, registró una alta participación en su primera edición y afronta con ilusión este segundo asalto.

Tal y como consta en las bases oficiales, el objetivo del concurso es premiar el mejor relato breve que se presente al concurso, con la finalidad de promover la producción literaria y la divulgación de la obra premiada y las finalistas, en el contexto universitario y social.

En este concurso puede participar cualquier miembro de la comunidad universitaria, tanto del equipo como del profesorado, personal de administración y alumnos.

Para iros contagiando del espíritu literario colgaremos los relatos de los tres finalistas del pasado año.

3º  FINALISTA

El testigo de Lucía de Fernando Ruiz Blanco

Cuando las luces de la habitación doce se apagan una luz tenue empieza a brillar procedente de Lucia, una joven de quince años. Para ella todo ha cambiado muy rápidamente en su vida, donde el que otro fue su mejor aliado se ha convertido en su peor enemigo.

Todo era horrible cuando comenzó. No solo se sentía mal físicamente sino que también había un volcán de emociones encontradas, donde nada se podía controlar y todo le afectaba. Se escondía para huir de las personas que más le podían ayudar, mientras cada día que pasaba se encerraba más en sí misma sin dejar que nadie se acercase a ella, hasta el punto de acabar en el hospital.

Lucia está ahora mismo descansando, así que no podemos hacer mucho ruido para no molestarla.

Se encuentra cansada porque tuvo un día duro de ejercicios en el hospital. Miriam, que es su fisioterapeuta, le dice que cada día son más exigentes.

Y eso es una buena señal, se dice a sí misma para motivarse. “Si me exigen, será porque estoy cada vez mejor”

Mañana será un día especial, porque viene su profesora María Jesús. Es una chica muy divertida y siempre la trae recuerdos de sus compañeros del instituto.

Lucia les echa mucho de menos porque allí no pueden ir a verla.

Pero para ella es una tranquilidad y así lo prefiere porque últimamente se encuentra rara, como ella dice. Todo el mundo le anima y dice que se va a poner mejor. Pero el pelo se sigue cayendo, la memoria a veces va lenta y a su autoestima le cuesta crecer. Menos mal que con sus compañeras de planta hace piña y se lo pasan bien haciendo pulseras y maquillándose. Lucía sonríe excepto cuando llega el momento de comer, entonces aparecen las muecas y los suspiros.

Aunque sus compañeros no puedan venir, ella se las ingenia para estar en contacto con sus amigos.

Cuando se despierte va a hacer galletas con María Jesús y en cada una de ellas van a meter un mensaje para sus compañeros. Le encanta el chocolate, y junto a María Jesús van a escribir los mensajes en inglés para que “no se le oxiden las neuronas”, como dice la profe.

Son muchos los mensajes que escribirá, pero hay uno especial para su hermano, que siempre le lleva un cómic diferente cada vez que va a visitarla. Además le ha regalado un gorro muy original que ha hecho él mismo. Para ella es un escudo que utilizar en los peores momentos ante el temido espejo.

Lucía tiene muchas ganas de hacer esta actividad, porque le encanta comer dulces. Pero su estómago se ha rebelado y apenas puede comer nada que no sea líquido. Así que está buscando recetas para hacer diferentes tipos de chocolates. María Jesús siempre le ayuda a buscar la mejor receta en el ordenador.

Estas actividades ayudan a Lucia a dejar de pensar en sus problemas, y le hacen sentirse a gusto y más segura. Una vez acabadas se siente mucho más fuerte para poder afrontar la realidad de su vida. Cada día lo hace mejor y su terapeuta le anima a volver a recuperar su amistad con el espejo.

¡¡¡¡¡¡¡Pero sin enamorarse!!!!!!!

Certamen-relatos-2-Fernando

Fernando Ruíz Blanco. 3º Finalista I Certámen Relatos Cortos. Foto: Yaiza Calleja

Se siente muy orgullosa del camino que hasta ahora ha recorrido, aunque no siempre fue así. Hace un tiempo Lucia libró una de sus batallas más difíciles contra aquel que las balas no matan, pero sino se remedia consigue arrancar todo tu odio en tu contra hasta conseguir herirte.  Eso sí, siempre con el reflejo de tu imagen distorsionada.

Fueron días duros donde las tempestades, tormentas y demás fenómenos aparecieron con la intención de quedarse para siempre. Hasta que una de esas corrientes tan típicas del Cantábrico rompió en mil pedazos ese espejo. Cada uno de esos trozos contaba una historia diferente, aunque todas tenían el velo gris y nublado de aquello que se quiere olvidar. Ante esa situación Lucía tomó una decisión mientras recogía todos y cada uno de los pedazos, con la certeza de que sería la última vez que el azar tomaba la iniciativa por ella. A partir de ese día decidió quererse a sí misma. Decidió decirse lo que tanto tiempo llevaba deseando oír, al principio con un hilillo de voz, más tarde con un poco de vergüenza por si alguien la descubría, y finalmente gritando con una sonrisa. Un gran TE QUIERO salió de sus labios mientras sonreía a la chica feliz y de mirada brillante del espejo. Comenzando así una nueva etapa de su vida.

Se le ha ocurrido una idea: como le gusta mucho hacer manualidades, y ha tenido que cambiar su look por las circunstancias que le tocan afrontar, también  ha cambiado su espejo. Le ha pintado unos ojos, una gran sonrisa, le ha pintado unas bonitas pestañas y le ha colocado un flequillo. En cuanto pueda le va a poner una corbata.

A veces Lucia piensa en cómo empezó todo, con el atletismo. Ella quería ser la mejor a cualquier precio, como su novio. Se sentía pesada y no podía aguantar el ritmo de los entrenamientos.  Pensó que si comía menos tendría menos grasa y así podría adelgazar más rápido. Pero pasó algo que ella no había previsto, su rendimiento bajó y dejó de estar entre las primeras. Eso hizo que su autoestima bajara y buscase otras alternativas. Y así sin darse cuenta entró en una espiral que la llevó al hospital donde hoy se encuentra.

Recuerda las carreras con mucho cariño, su preferida es la de relevos. Le gustaba sentir la presión de su mano sobre el testigo que le entregaba su compañera  y cómo se aferraba a él como si la propulsara a salir con más potencia.

Todavía ese testigo está en la mesita de su habitación, firmado por todos sus compañeros de equipo. Es su talismán y no se separa de él.

Para Lucia su propia vida es una carrera de relevos, y como su terapeuta le dice “ahora nos encontramos en una etapa con baches y obstáculos”, pero la meta está cerca.

Y Lucia así lo siente y se toma cada día como si fueran sus olimpiadas personales. Los momentos duros en los que la soledad era la protagonista de su spring ya forman parte del pasado; ahora son la ilusión, la alegría y las ganas de superar estos obstáculos los que mueven su cuerpo hacia la meta.

Cuando ella habla con sus compañeras así se lo trasmite.

Hace dos meses sus compañeros de equipo le regalaron una caja llena de testigos. Y a Lucia se le ocurrió escribir en cada uno de ellos un mensaje para sus compañeras tanto las que ya conocía, como las nuevas que llegasen a la planta. Con el objetivo de que no les ocurra lo mismo que a ella y sientan que no están solas. Ya que para ella   ese testigo se ha convertido en un mensaje que le recuerda la importancia del pasado, lo valioso del presente y lo relevante del futuro.

Le divierte mucho la curiosidad que a sus compañeras les entra cuando les entrega el testigo, algunas lo usan como un micrófono y a veces cantan juntas hasta que las carcajadas no paran; a otras les parece una varita mágica con la que jugar y soñar. Pero todas lo tienen en su habitación. Un día Celia, que es su vecina de habitación, se le acercó y le hizo una entrevista utilizando el testigo como el micrófono que una periodista utilizaría para preguntarla sobre su vida deportiva. Pero al final acabaron cantando juntas, los “problemas del directo” como dice su amiga.

Espera…

Lucía ha abierto los ojos, se despereza lentamente mientras te mira. Te sonríe, alarga su brazo para abrir el cajón y te lo ofrece.

¿Estás preparad@ para aceptar el testigo? 

Ya es tuyo.

¡Presenta tu relato original antes del 18 de Abril!